BENEDICTO XVI
AUDIENCIA GENERAL
Miércoles 3 de septiembre de 2008
Queridos hermanos y hermanas:
Nos detenemos hoy en un acontecimiento decisivo de la vida de San Pablo.
Mientras se dirigía a Damasco, Pablo se encontró con Cristo y su vida cambió. De
perseguidor de la Iglesia, pasó a ser Apóstol del Evangelio. ¿Qué le sucedió a
Pablo camino de Damasco? En el libro de los Hechos de los Apóstoles, San Lucas
nos brinda tres relatos de lo acaecido. También el mismo Pablo nos informa de
ello en sus cartas. Más que una conversión, Pablo entendió aquel suceso como el
fundamento de su apostolado, como el encargo de la evangelización y la misión.
No fue un evento que pueda interpretarse con categorías meramente psicológicas.
El Apóstol fue conquistado por Cristo en ese momento, y esa convicción remodeló
su entero patrimonio espiritual y orientó sus fuerzas hacia un nuevo propósito.
Pablo no se encontró con un personaje histórico, sino con Jesús, Persona viva
que se le presentó como único Salvador y Señor. Esto tiene validez igualmente
para nosotros, que no seguimos un ideario filosófico o un código moral, sino a
Jesucristo. A ejemplo de san Pablo, no nos reservemos a Cristo para nosotros
solos. Sintamos, más bien, la exigencia de anunciarlo a los demás.
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